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El
Estatuto de Andalucía, en su artículo
6.2, expone: «Andalucía tiene
himno y escudo propios que serán
aprobados, definitivamente, por Ley del
Parlamento de Andalucía, teniendo
en cuenta los acuerdos dictados sobre
tales extremos por la Asamblea de Ronda
de 1918 y por las Juntas Liberalistas
de Andalucía en 1933».
Cabe subrayar, en este
mandato estatutario, por un lado, que
se afirma la existencia del himno y del
escudo, por lo que, en ningún caso,
se trata de una creación ex novo;
por otro lado, que vincula estos símbolos,
al igual que sucede con la bandera (art.
6º.1), a los acuerdos adoptados en
la Asamblea de Ronda de 1918. |
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Se
formula así el origen común
de los tres debidos a Blas Infante quien
realiza los proyectos a partir de unos
elementos tradicionales andaluces, a los
que da forma y sentido, pero que en ningún
caso inventa sobre vacío.
El mismo Blas Infante
lo expresa claramente:
"Los regionalistas
o nacionalistas andaluces nada vinimos
a inventar. Nos hubimos de limitar simplemente
a reconocer, en este orden, lo creado
por nuestro pueblo en justificación
de nuestra historia"
A partir de entonces,
los tres símbolos de Andalucía
se irán asumiendo por el pueblo
andaluz, que hoy ya los entiende como
la expresión inequívoca
de su autonomía.
En el punto de partida
se sitúa la Asamblea de Ronda de
Enero de 1918, en la que se formularon
propuestas entre otras, en orden a la
adopción de lo que Blas Infante
llama «las insignias de Andalucía».
El mismo Blas Infante,
en 1919, explica la adopción, como
escudo de nuestra nacionalidad, del escudo
de la gloriosa Cádiz con el Hércules
ante las columnas, sujetando los dos leones;
sobre las figuras, la inscripción
latina en orla: «Dominator Hércules
Fundator». A los pies de Hércules,
esta leyenda que resume la aportación
del Hércules andaluz a la superación
mundial de las fuerzas de la vida: "Bética-Andalus".
Este escudo deberá ser orlado por
el lema del centro andaluz: «Andalucía
para sí, para España y la
Humanidad».
Pero, como en 1931 señalaba
el mismo Blas Infante, este lema -en el
que ya ha cambiado el «para sí»,
más introvertido y hasta tenuemente
insolidario, por el «por sí»,
más decidido, afirmativo de un
esfuerzo y abiertamente solidario («Andalucía,
por sí, para España y la
Humanidad»)- significa que Andalucía
quiere volver a ser «por sí»,
para reanudar la obra creadora de su historia
incomparable; pero esta inspiración,
hacia la distinción de su propio
esfuerzo y responsabilidad, tiene como
fin dar a España cuanto por sí
llegase a crear con la propia energía.
Esto es, tiene por superiores incentivos
a España y la Humanidad, para las
cuales ella anhela lograr en hechos propios
el devenir creador de su alma privativa.
Así concebido, con los elementos
y el sentido expresados, nace el escudo
de Andalucía, del que el uso general
ha excluido, posteriormente, el lema «Bética-Andalus»,
tal vez por la intuición de una
mayor complejidad de la historia de nuestra
tierra, que lo que dicho lema evoca.
Visto desde la perspectiva
que da el tiempo transcurrido, su valor
de símbolo no depende ya tanto
de su ortodoxia heráldica, cuanto
de su asunción por el pueblo andaluz.
Cuando su colectividad asume y siente
como suyo un escudo, entonces lo transforma
en imagen viva y compartida en plasmación
expresa de un proceso y de unas aspiraciones
históricas que él representa
y con las que todos se identifican. Es,
entonces -y así ha ocurrido en
el caso andaluz- su auténtico escudo,
al margen de las cuestiones heráldicas
formalistas; porque, cuando así
sucede, se ha articulado una dialéctica
de identidad pueblo/escudo que es la que
da su último y decisivo sentido
a éste.
En consecuencia, el profundo
valor del escudo de Andalucía que
Blas Infante ideó viene así
dado no por su fidelidad a la ortodoxia
heráldica, sino por el respaldo
popular que lo eleva a la categoría
de símbolo de Andalucía
que el pueblo andaluz quiere colectivamente
edificar. |